Reseñas

Reseña de El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad

Esto es para listos, ¿no? Porque me suele pasar que termino un libro y me quedo con la sensación de que me he perdido algo, de que una segunda lectura, o una lectura más atenta, revelaría unos secretos deliciosos, pero lo de El corazón de las tinieblas ha sido demasiado.

La sensación ha sido más bien de que no me he enterado de nada o lo poco de lo que me he enterado posiblemente sean todo metáforas, que tuviera un significado mucho mayor y más relevante del que yo le he dado. Un desastre, vamos.

Mentiría si dijera que no venía avisada. Antes de comenzar la lectura, eché un ojo a otras reseñas y críticas y me adentré con un ojo clínico que, si bien no ha estado a la altura, ha sido consciente de que ahí estaban ocurriendo cosas. Por lo tanto, no podría decir que no me ha gustado, simplemente, siento que no he sabido apreciarlo.

El libro narra el viaje de ida y vuelta en un barco de vapor por el río Congo y está basado en el viaje que el propio Joseph Conrad hizo al Congo. La gracia de la historia está en su dualidad. Se narra un viaje hacia el interior del continente africano, así como un viaje hacia el interior del alma humana. Además, se observa claramente la estructura narrativa del viaje del héroe, con ese retorno y vuelta al origen con la “lección aprendida”, con la reflexión sobre el colonialismo, el imperialismo, el racismo, la violencia hecha.

Resulta interesante la narración enmarcada de la obra. En una primera escena, se nos presenta a un grupo de hombres que están en un barco y están esperando a que cambie la marea para salir a navegar. El narrador, en este momento, es uno de esos hombres, del que no conocemos nombre ni profesión, él nos presenta al resto de las personas del barco, entre ellos está Marlow, el protagonista, que para hacer la espera más amena (entiendo) comienza a contar la historia de su viaje por el río Congo años atrás, Marlow se convierte en el nuevo narrador y cuenta su historia en pasado. Esto produce un efecto muy interesante y es que Marlow se refiere en segunda persona a los hombres que le escuchan, pero como lectores, sentimos que nos habla a nosotros, es una narración apelativa, que llama nuestra atención y nos mantiene más cercanos a la obra, ¿una manera de obligarnos a atender a las escenas largas, lentas y a veces tediosas del libro? ¡Buen trabajo, Conrad! Porque, efectivamente, creo que consigue mantener al lector más atento. El registro que utiliza para este personaje es el coloquial, que también es más cercano y ayuda.

Nuestro protagonista y narrador de la historia principal tiene una manera de narrar muy peculiar, nos imbuye en sus recuerdos y pensamientos, elípticos, algo caóticos, en los que todo son alusiones, sobreentendidos o suposiciones. La ambientación del libro es, realmente, la que consigue adentrarnos en la historia, que se dibuja y desdibuja como en un sueño, las escenas no se consiguen entender en su totalidad, pero se transmite la sensación de peligro, de tristeza, esperanza, etc. que siente Marlow en cada momento. Marlow resulta un personaje interesante porque no conseguimos saber muy bien qué es lo que piensa en cada momento, por ejemplo, cómo reacciona ante la muerte del timonel, al que desprecia, pero del que luego dice que echa de menos.

No conocemos muchos detalles de Marlow, pero entendemos que es un marinero sediento de aventuras en la época colonial del Imperio Británico. Viaja a África con la intención de renovarse, de enriquecerse, posiblemente, y también por saciar su alma de hombre errante. Desde el principio del viaje, sabemos que el señor Kurtz es el objetivo de su travesía. Kurzt es un personaje misterioso y enigmático del que no sabemos nada más allá de lo que algunos personajes dicen de él, pero es evidente la obsesión que tiene Marlow con conocerle.

Del señor Kurtz se dice que es el que parte el bacalao en África en lo relativo al marfil y que es una persona a la que “se escucha, no con la que se habla”, muy sabia y espiritual. El interés del protagonista por conocer a esta persona se convierte en el motor de la historia, Marlow le convierte en una especie de deidad, un objetivo naval, pero también un objetivo espiritual y el momento de conocerse, se convierte en el clímax de esos dos viajes de los que hablaba al principio, el viaje al corazón de África y al corazón de Marlow.

El lenguaje a lo largo de la obra es muy lírico, lo que da el tono onírico a todo el relato. Hay descripciones muy largas, que tienden a ser poco visuales.

“Su rostro tenía un aspecto trágico y fiero, de desolada tristeza y mudo de dolor, que se mezclaba con el temor a una decisión que aún se dirimía en su interior.” (Really?)

Esto junto a los pocos diálogos que aparecen en el libro, tienden a hacer la lectura más tediosa y pesada. También destacan los cambios de ritmo, Marlow dedica párrafos enteros a describir un momento concreto de la acción y luego resume meses de travesía en apenas dos frases.

Definitivamente, creo que este libro no está hecho para la generación Netflix, la generación del aquí y el ahora, del que pase algo y bien clarito y, cuanto antes, mejor. Una lectura sosegada y tranquila es un imperativo, así que, si te apetece desconectar de estos tiempos que corren, atrévete con el clásico El corazón de las tinieblas.

Reseña de la novela de ficción El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, edición 2002, editorial El País, colección Clásicos del siglo XX.

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