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Reseña de Otra vuelta de tuerca de Henry James

Portada del libro Otra vuelta de tuerca de Henry JamesMe leí en un plisplas esta obrita de Henry James. A mí, que hasta ahora no he leído mucho terror, me ha parecido una ambientación muy interesante. No sé cómo decirlo, como muy cliché victoriano, pero que de alguna manera funciona. Ahora bien, en general el ritmo es lento, lento, leeeeento, lo que hace que disfrutes más de la novela una vez acabada que durante la lectura. En definitiva, el mood al acabar de leer esta novela es: «Leer un clásico de terror de finales del siglo XIX: check».

La trama podría resumirse así: una institutriz joven y guapa se traslada a la mansión de Bly, un caserón de estilo victoriano, donde cuidará de Miles y su hermana pequeña Flora, dos niños huérfanos. La estancia parece de lo más agradable, pero poco a poco nos iremos adentrando en un ambiente cada vez más enrarecido. Dos fantasmas comienzan a hacer apariciones en la mansión: Quint, un antiguo trabajador de la casa, y la señorita Jessel, la anterior institutriz. Ambos habían muerto meses atrás y habían mantenido una relación amorosa durante su estancia en la mansión.

Hasta aquí todo ok. Uno diría que estamos ante la típica historia de la casa embrujada y si bien es cierto, Otra vuelta de tuerca da, eso mismo, otra vuelta de tuerca, donde lo interesante no es la historia en sí, sino la incertidumbre, la ambigüedad y la sospecha constante en la que se ve inmerso el lector, que simplemente no sabe qué ni a quién creer.

Los elementos que hacen posible esta inseguridad del lector son lo realmente llamativo de la historia. Me explico con ejemplos.  La narradora de Otra vuelta de tuerca, la propia institutriz, se convierte en un narrador bastante poco fiable al ser ella misma la protagonista de la historia y por las reacciones que vamos del resto de personajes a través de su relato. Nos damos cuenta que es posible que la narradora no esté contando la verdad o que la verdad que ella cree no es lo que ocurre de verdad.

Otro elemento que incita a desconfiar es que la narradora no nos va contando la historia según ocurre, sino que la escribió tiempo después de que ocurriera. Por ello, es llamativo cómo escribe de una manera muy plana algunas imágenes que resultan espeluznantes como, por ejemplo, cuando habla de lo que siente al ver en la torre de la casa una figura desconocida que la mira:

“Recuerdo que esta figura hizo nacer en mi ánimo, en el claro crepúsculo, dos oleadas de emoción, que fueron, en suma, el sobresalto que siguió a mi primera, después a mi segunda sorpresa.”

El parrafito sigue explicando este sentimiento de “sorpresa”. Describe una sensación totalmente ajena a lo que el lector piensa que debería sentir. No sé si me explico… Su actitud a lo largo del relato nos va perfilando a una institutriz que no está muy bien de la almendra, lo que también intensifica la desconfianza del lector. Pero la institutriz es nuestra única fuente de información, por lo tanto, es inevitable dudar también del resto de los personajes y creer que verdaderamente la institutriz tiene razón.

La tensión es posiblemente otro de los puntos más fuertes del libro. Es increíble la habilidad de Henry James para ir desvelando información poco a poco mientras va tiñendo el ambiente de un tono cada vez más bizarro, con tintes de locura e incluso referencias sexuales que llegan a incomodar al lector.

Otro tema interesante, desde luego, es el punto de vista de esta obra. Al principio es un tal Douglas el que nos dice que su institutriz le dio esta historia escrita antes de morir, 25 años atrás, pero al leer la historia, pasamos del punto de vista de Douglas, tercera persona, al de la institutriz, primera, que a su vez nos relata lo sucedido tiempo después de que ocurrieran, lo que general una distancia totalmente palpable, como he comentado más arriba.

El tema de la muerte se manifiesta a largo de toda la novela. Más que tratarse, la muerte sirve de fondo o, mejor dicho, de base para construir el tono del relato. Al principio se nos dice que la institutriz que escribió el relato lleva muerta 25 años, los niños son huérfanos, los fantasmas murieron tras trabajar en el caserón.

Por otro lado, parece que el tema de la inocencia fue un tema predilecto de Henry James y parece que, también a lo largo de la obra, se ven detalles que hablan de la inocencia o pérdida de inocencia de los personajes. Por ejemplo, los niños aparecen como figuras angelicales y totalmente inocentes que poco a poco van sacando un lago más oscuro y malvado o la propia institutriz, que parece una jovencita recién salida del nido familiar, pero que muestra poco a poco síntomas de locura y perversión que van desvelando su verdadera personalidad.

Por último, creo que el tema más importante es la ambigüedad, cómo la lectura y entendimiento de la obra dependerá enteramente del lector que puede optar por pensar que los fantasmas solo existen en la mente de la institutriz o que los fantasmas existen, pero el resto de los personajes disimula y finge que no ven nada. Como he dicho anteriormente, se dan elementos a lo largo de todo el texto que distraen y contrarían al lector.

La obra se enmarca en la novela de terror del siglo XIX, con tintes de misterio, suspense e incluso de thriller psicológico, ya que las emociones y sensaciones del lector son una de las piezas centrales de la obra. También encaja perfectamente en la corriente del terror gótico que se manifiesta claramente en la ambientación.

En cuanto a los personajes, es imprescindible empezar por la institutriz, de la que nunca conocemos el nombre, se presenta como la protagonista y la narradora de la historia. El relato autobiográfico permite al lector ir conociendo al personaje e ir viendo su evolución. Además, es a través de sus ojos que conocemos al resto de los personajes. Aunque de apariencia sencilla, la institutriz va mostrando cada vez una personalidad más profunda.

La señora Grose es el ama de llaves. Se presenta como una mujer sencilla y cariñosa. Es la que identifica a los fantasmas que ve la institutriz. La relación con la institutriz es buena y ambas se convierten en confidentes, aunque la institutriz parece no terminar de confiar en ella y la pone constantemente a prueba y la que trata con cierta superioridad.

Los niños son la luz de la vida de la institutriz o al menos eso nos repite ella, aunque da la impresión de que pasa un poco y que tampoco se lleva tan bien con ellos. La relación entre los niños y la institutriz va empeorando conforme pasa la trama hasta acabar con un trágico final para ambos. La institutriz tiene gran obsesión por protegerles de los fantasmas que se aparecen en la casa.

En cuanto al lenguaje, he de decir que es de las peores partes… El lenguaje y el vocabulario me resultaron totalmente tediosos: expresiones enrevesadas que intentan transmitir el espíritu victoriano de la época, pero lo único que consiguen es agotar tremendamente al lector. Además, el uso de incisos largos es bastante frecuente y tiende a hacer que el lector se pierda. Un ejemplo de todo esto está en la página 43:

“Y a lo menos para mí – que me aplico a reconstruir las impresiones de entonces con una reflexión deliberada que hasta ahora nunca he puesto-, la sensación de ese día me vuelve por entero.”

¿”Y a lo menos”? ¿”Me vuelve por entero”? En muchas ocasiones parece que la traducción está sacada literalmente del traductor de Google. Y no me digáis que no habéis tenido que volver al principio para saber de qué hablaba.

Existen múltiples diálogos entre la institutriz y la señora Grose y monólogos internos de la institutriz en los que se dan múltiples explicaciones. Se tiende a repetir las ideas añadiendo poca información nueva cada vez, lo que hacen al texto lento, pesado y bastante aburridito en general.

Mentiría si dijera que esta historia me ha fascinado. A ratos me ha parecido pesada y sinsentido y a ratos me ha parecido interesante sentir ese sinsentido. Me ha molestado especialmente el tedio del lenguaje, pero me alegro de haberlo leído aunque solo sea porque es un clásico y por la cantidad de referencias cinematográficas que tiene. Además, es cortito y se lee en dos ratos.

Reseña de la novela de ficción Otra vuelta de tuerca de Henry James, edición 1995, editorial Siruela/Bolsillo.

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